La visita de Alfredo Pérez Rubalcaba a Sevilla y su encuentro con militantes socialistas sigue dando de qué hablar, y no por lo novedoso del formato de la reunión (y eso que, en asuntos de Comunicación e Imagen, en el PSOE son maestros) ni por el contenido del discurso del ministro del Interior, vicepresidente primero del Gobierno, candidato in pectore socialista para 2012 y no sabemos si algo más, que siempre hay tiempo para todo.
Tras el 22-M, el panorama político ha tenido dos grandes temas de discusión a nivel nacional. Por un lado, la debacle socialista en España y Andalucía, donde el claro color rojo-PSOE se ha visto atenuado por un azul-PP en claro ascenso (los populares han ganado todas las capitales de provincia y han arrebatado al PSOE las diputaciones de Huelva, Cádiz o Córdoba, por citar algunos ejemplos); y por otro, la sucesión del actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Habrá primarias, o eso dicen, aunque eso de quitar a la candidata socialista a la Presidencia del Gobierno en 2016 (me la juego) para elegir entre un candidato que hoy mismo ha empezado su particular campaña electoral y algún valiente desconocido es algo así como decir “hay para comer lentejas, ¿tú qué quieres?”


14-5-1-1. No es una secuencia de números al estilo de 'Perdidos', ni tampoco un sistema táctico futbolístico ultradefensivo. Se trata de la nueva y futura disposición del Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Tomares, a tenor de los resultados arrojados por las pasadas elecciones municipales en Tomares, en las que parece que han quedado pocas dudas acerca de lo que los ciudadanos quieren para los próximos cuatro años.


La clase política en general viene experimentando un tremendo desgaste propiciado por la integridad de algunos de los miembros que forman los partidos que componen el puzzle ideológico de nuestro país. Las formaciones grandes lo son, principalmente, por la enorme cantidad de personas que las componen, y cuanto más grande es un grupo humano, más variedad de pensamiento y diversidad de condiciones hay en sus filas. La integridad es una condición, una forma de vida, independientemente de la ideología que se tenga. Se aplica a todos los ámbitos de la vida y condicionan tanto las relaciones humanas como las decisiones que uno toma a lo largo de su recorrido por este mundo.