¿Qué niño, ya sea nacido en Tomares o en Hispanoamérica, no conoce al Ratoncito Pérez? ¿Quién no ha dejado un diente bajo la almohada para que el pequeño roedor, nacido del ingenio de un jesuita para ilusionar la infancia del niño Rey Alfonso XIII, se lo cambie por un regalito? Muy pocas personas conocen el origen de este ilustre personaje ¿de ficción?, pero los Jóvenes de Tomares tenemos inquietudes y buscamos siempre la explicación a todo lo que nos rodea.


Sin embargo, el Ratoncito Pérez siempre tuvo una legión de ayudantes que le facilitaban su labor, ya que tenía mucho trabajo y decidió abrir delegaciones por todo el mundo. En Tomares también abrió, pero hete aquí que su ayudante, amiga de las que pegan patadas al diccionario de la RAE (auténticas pejigueras de la igualdad de género), exigía llamarse 'ayudanta', algo completamente inaceptable. Por ello, el Ratoncito Pérez, siempre magnánimo, y creyendo que eran familia (ambos se apellidan igual), le concedió el título de 'Ratoncita de Tomares'.


No obstante, al ser investida con este reconocimiento, empezó a tomar decisiones por su cuenta y a cambiar incluso la filosofía de trabajo de su jefe, quien desde su residencia en el número 8 de la calle Arenal de Madrid, de nada se enteraba. Así, los tomareños que iban creciendo cambiaban sus deseos de regalitos para niños a necesidades de mayores, como mejoras en el transporte y las comunicaciones con Sevilla capital. El problema llegó cuando la Ratoncita y sus amigos (que incluso auparon a la Ratoncita hasta el Ayuntamiento de Tomares) cambiaron el histórico proceso: en lugar de dar regalitos a cambio de dientes, prefirió tomar unas decisiones y hacer unas promesas por las que no cobraba dientes... se limitaba a tomar el pelo.


De este modo, prometieron un Metro del que sólo llegó su vídeo promocional (a cargo de las arcas municipales, se supone), luego se echaron atrás y dijeron que Metro no, que mejor un tranvía en superficie con unos raíles que colmen de pasos a nivel el municipio y dividan Tomares en dos. Claro, tanto quiso tomar el pelo que los tomareños, antes de quedarse calvos, le dijeron con su voto "por aquí se va a Madrid (a ver a su jefe, por supuesto)", ya que prefirieron una propuesta, el teleférico, que a los calificativos de "original", "imaginativa", "peregrina", "quimérica" y demás hay que añadirle el de "extraordinaria" al ser algo fuera de lo común. Vamos, ajeno a lo que nos tiene acostumbrados la estructura trenzada por la Ratoncita y sus amigos, que no sabemos si serán simples roedores o ratas de dos palmos.


¿Qué pasa? Que llega un momento en el que todos nos conocemos, y más en un pueblo como Tomares, donde los roedores consiguieron la proeza no de traer el Metro, tampoco de aliviar los atascos por vía terrestre, sino de unir a todos los partidos representados en el Ayuntamiento de Tomares, tanto de un extremo como de otro y ajenos a los roedores, contra los desmanes que éstos llevaban cometiendo durante ocho años.


El teleférico es extravagante, raro, audaz, arriesgado y todo lo que tú quieras... pero como dirían en latín, eppur sum, y sin embargo ES, existe como alternativa al Metro que continuamente niegan a Tomares tus superiores que, con una actitud mafiosa y siguiendo el principio fascista 'uno di noi' respaldan a los de su cuerda y aíslan, ahogan y entorpecen todo lo que sea contrario a ellos.


Sirva esta entrada como comentario a tus reflexiones (por llamarlas de alguna manera) sacadas de su chistera (todos queremos creer que las escribiste tú y no un 'negrito' a sueldo, claro). Fueron publicadas en El Correo de Andalucía, decano de la prensa sevillana, sí, pero hasta hace dos días bajo el amparo del rojerío máximo que manipulaba a toda Prisa (de lo que algo queda, al no publicar ni uno solo de los al menos tres comentarios que nosotros, los Jóvenes de Tomares, enviamos para dar nuestra opinión al respecto), y hoy patrocinado por quienes, con una refinería, pretenden levantar medio Parque de Doñana... con la connivencia del PSOE. Habría que saber cuánto se llevan de todo esto.


P.S. Por cierto, Ratoncita... eso de "que hablen de uno, aunque sea bien"... más que "máxima" como tú la bautizas será más bien "mínima". Se supone que el que quiera que hablen de él para darse a conocer querrá que hablen bien, y como mal menor que hablen mal, pero que se tenga como "máxima" (Ratoncita dixit) esa afirmación de que hablen de uno aunque sea mal deja muy a las claras los principios desde los que partes... Por eso nadie se fía de las ratas.

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